El loquito al volante

¿No te da miedo pensar quién está al mando de las decisiones que tomas en la vida? Yo lo pienso como alguien que está al volante de un auto, o el capitán de un barco. A veces puede ser una persona mesurada y consciente la que está a cargo, otras un desaforado total que solo quiere la recompensa inmediata.
Durante los últimos años de mi vida ha sido una pelea constante por hacerse con el volante entre estos dos. Y hasta hace unos meses el “loquito” ganaba la mayoría de las veces.
Cuando era más chavalo nunca me cuestioné este tipo de cosas, simplemente reaccionaba en automático, realmente durante mi adolescencia y juventud nunca me metí en problemas mayores.
Realmente la persona al mando tenía sentido común y miedo a las consecuencias de sus actos. Un par de pintas en la secundaria y dos jaloncitos de marihuana en la preparatoria creo que pueden ser catalogados como un saldo positivo.
Siempre tuve cierto tipo de autocontrol, incluso en la infancia, cuando asistía a la iglesia y se me ocurría pensar: “Que chingue a su madre diosito”, yo mismo me decía que eso estaba mal, aunque ya había soltado la blasfemia en mi cabeza.
Ahora con 36 años, tengo que batallar casi todos los días para que sea la persona consciente, con autocontrol, la que no quiere lastimar a sus seres queridos con sus decisiones, la que se ponga al volante. Pero para ser justos, ahora es una lucha menos dura que antes.
Es un trabajo complicado, porque cuando las emociones displacenteras aprietan, cuando las cosas no salen como uno quisiera, cuando la frustración nos nubla la visión, pareciera que “el otro yo”, el impulsivo, el de las conductas destructivas, el que lastima a los demás, es quien toma el asiento del conductor y vaya que le gusta acelerar a fondo y hasta dónde tope.
Y es que la vida misma se va haciendo cada vez un poco más complicada y frustrante. Ya lo había mencionado en otra entrada del blog; para bien y para mal, la vida no es como la imaginamos ni como la esperamos.
Cuando el auto se descompone, parece ser que el mejor mecánico es quien te da el arreglo inmediato, sin importar las consecuencias a largo plazo y si eso puede dañar otras partes del coche, pero en realidad el experto más confiable es aquel que te asegura una compostura que tomará un poco más de tiempo, pero que será más duradera.
Continuando con las metáforas automovilísticas, todo esto se los dice alguien que está plenamente consciente que salió con las condiciones de un coche de agencia, puedo imaginar la lucha de las personas a las que les tocaron autos “usados”, “carcachas”, o incluso bicicletas para esta autopista llamada vida.
Para explicarme mejor, quiero citar una película del más grande entre los grandes. En “El Inocente”, Crusi, interpretado por Pedro Infante, le dice a Mané, Silvia Pinal, las diferencias que hay entre ellos.
“Cutberto: Mira, Mané… el problema es que tú eres como un coche de esos de los que anuncian en las revistas. Un coche último modelo, de esos que están en la vitrina de la agencia: limpiecito, brillante, con su olor a nuevo y que no le suena ni un tornillo.
Mané: ¿Y tú, Cutberto?
Cutberto: —Yo soy como una carcachita de las mías. Un coche que ya dio mucho de sí, que tiene los muelles vencidos, que le falla la dirección, que le suena todo y que ya no tiene compostura… Un coche así no puede ir a la par de un modelo como el tuyo. Al primer arrancón me quedo tirado en la subida y tú te sigues de largo.
No quiero sonar como un libro de autoayuda, pero hay algo que he aprendido en los últimos años, y es que lo importante está en que tu voluntad se encuentre del lado del conductor seguro y consciente, que se puede derrapar muchas veces, incluso estrellarse, porque la carretera siempre va a estar llena de baches y curvas peligrosas.
Pero mientras se quiera una vida mejor y apuestes por tener al conductor sensato al volante vale la pena seguir manejando.
Al final, ese conductor es tu verdadero yo, el loquito en el otro asiento es eso, un loquito que quiere manejar pero que sabes que no es la mejor idea dejarlo al mando.
