Cómo mi mamá me hizo del ATLÉTICO

En el año 2006 pedí una playera del Real Madrid como parte de mis regalos de cumpleaños, cumplía 16 años y en esa temporada jugaban los “galácticos”, era muy difícil no emocionarse con esos jugadores. 

Mi madre, en su inocencia futbolística, aunque ahora sospecho que fue un acto de su siempre omnisciente sabiduría, me regaló un jersey diferente. No era del prístino blanco y el imponente escudo amarillo ornamentado con su corona. Tampoco tenía los elegantes tonos “blaugranas” del  equipo de moda con Messi, Ronaldinho y Eto’o. 

Dicha pieza tenía unos colores similares a los de las Chivas, blanco con rojo. En la etiqueta y el cuello de la elástica podía leerse el nombre, “Atlético de Madrid”, junto a un escudo raro de lo que parecía ser un oso y un árbol. 

Pero si algo me enseñó mi abuela es a ser agradecido con las cosas que se nos dan, así que sonreí y agradecí por mi nueva prenda deportiva, al final, los colores eran lindos y siempre me ha gustado usar ropa diferente, definitivamente nadie en mi prepa usaba una playera similar. 

Al crecer y conocer un poco más de futbol, empaticé más y más con lo que el equipo representaba y representa hasta el día de hoy. Me gustaba el hecho de pensar que no era el favorito a ganar y aún así de vez en cuando daba sus “campanadas”. 

Me encantaba ser “único y diferente” al no ser de los equipos de siempre. Adoré la idea de ser la piedrita en los tacos de Cristiano y Messi. 

Me enamoré de la idea de sufrir todos los partidos y hasta el día de hoy, un partido pueden jugarlo como Brasil de 1970 y el siguiente como el San Luis de Raúl Arias. Un día pueden perder contra un equipo de segunda división y al siguiente ganarle al Liverpool en su estadio. ¿Qué tiene de divertido apoyar a un equipo que sabes que siempre va a ganar? 

Las cosas cuando se sufren se disfrutan más, y pienso que no ha habido un triunfo de mi Atlético que sepa mejor que cuando se ganan en el último minuto, cuando jugamos con 10, cuando estamos en campo contrario, cuando las apuestas están en contra. 

Incluso cuando se han perdido dos finales de Champions contra el odiado rival nunca he sido más del Atlético de Madrid. 

Cuando las personas me critican, “¿Cómo le puedes ir a un equipo que no es de tu país?” Simplemente les contesto que el amor no conoce de nacionalidades.

Por último, cuando estaba en encierro, pasando por uno de los peores momentos de mi vida, mi mejor amigo me mandó una carta que me dio los ánimos que necesitaba y el muy cabrón decidió cerrar la carta con esto: “La vida es como el futbol, partido a partido”, la filosofía del Director Técnico del Atlético de Madrid. 

Me quedo con esto. Son tan pobres que lo único que presumen son títulos.